Me siento terriblemente melancólico. Recién llego del cine de ver el documental de Luca Prodan, llueve mucho, es madrugada, estoy solo. Tuve esa sensación extraña de ser conciente de un momento de felicidad de manera retrospectiva, y me sentí un insecto inmundo, usurpando el lugar en el alma de un tipo que podría ser un rayo, un vector posando la mente en todas las cosas del mundo hasta morir, y lo único que hago es reforzar el capullito de insecto, para que nada pase, y no tenga frío.