Escucho la música de las veredas rotas en las madrugadas deformes de Villa Libertador, de eclipses de antenas de directv sobre lunas rojas, y el óxido húmedo, nylon, las cáscaras de naranjas manchadas con cobre, y tengo licencia para mirar la decoración tan kitsch y seria de los tugurios tan extraños, tan al azar, en una ciudad tan plana, tan fea, me es muy fácil decir tan tan, y resumir lo irreal que se siente en los ojos, si invento un adjetivo que pretenda mucho y no diga nada, diría que es taaaan fílmico que pienso en cada domicilio en qué hago acá que no tengo una cámara. Una calle debiera ser una superficie regular, plana, transitable, y no una figura mitológica, un camino sin salida nefasto de cuento oscuro. Todo precioso.